GRIETAS, VETAS Y POROS

Por Ana María Espejo

​De esta manera, quise construir un dispositivo que invitara a quien se acerque al gesto de recogerse para ver en detalle, trayendo a la experiencia aquello que está en otra escala. Sin embargo, esa experiencia es mediada por un instrumento torpe y limitado, al igual que nuestro cuerpo, que permite una mirada distorsionada y fragmentada.

Mi proceso en el laboratorio estuvo atravesado por la observación de lo próximo y lo pequeño; aquello que se desatiende por cotidianidad, cercanía o escala. También quería explorar nuestras torpezas y limitaciones, las cuales exigen instrumentos para aproximarse a lo pequeño. Así me fui acercando a las grietas, vetas, poros, ramas, rocas y huecos del suelo, detallando aquello que nace, crece y se expande allí adentro. Con base a ello, realicé algunas experimentaciones con lentes, recipientes de vidrio y agua, con el fin de crear instrumentos que me permitieran aumentar las dimensiones aparentes de estos objetos y, con ello, ampliar estas experiencias mínimas. 

A partir del recorrido a los Cerros Orientales, las preguntas relacionadas con las premisas y la creación de analogías, quise experimentar con asociaciones entre los fenómenos que se dan en lo micro y lo macro (o en el abajo y el arriba) y en cómo estos se evidencian en aquellos fragmentos de plantas, suelos y rocas. Así, por ejemplo, los poros y grietas de una roca pequeña, replican los surcos o caminos subterráneos de las cuevas; los pequeños hilos de agua y tierra traídos por el aire, se posan y transforman las rocas y el suelo, creando pequeños ríos, islas y lagunas.